Nuevo Chile: Apuntes sobre la defensa nacional

Por: Roberto Sáez Olivares. Mg. en Ciencias Militares

“Es desgracia muy antigua y frecuente en el mundo que se desprecien y atropellen todos los derechos; por eso siempre ha habido guerras injustas, por eso es necesario defenderse: Sin fuerzas nada vale la justicia, y es necesario estar siempre en estado de defensa”. Camilo Henríquez, 1813.

Esta reflexión corresponde a una primera aproximación sobre las coordenadas generales de la discusión constituyente en torno a la defensa nacional. Sostenemos que los ejes estructurales del problema son el debate jurídico constitucional, el pensamiento estratégico-militar y la concepción doctrinaria de la fuerza. Se advierte también la necesidad de trabajar sobre ellas en una perspectiva cívico-militar y en un esfuerzo de largo plazo, con el propósito de gestionar anticipada y correctamente, las transformaciones globales y nacionales que experimentan la seguridad y la defensa. 

1. Un vacío histórico

Desde el amplio y diverso espectro político-social que hemos optado por abrir cauce al proceso constituyente que fuera detonado por el levantamiento popular de octubre, probablemente enfrentaremos la ineludible reflexión acerca de la cuestión militar y la defensa nacional desde un vacío teórico-práctico significativo. La primera causa de este vacío es conocida. Dice relación con la fractura nacional infringida, entre otros múltiples factores, por las Fuerzas Armadas de Chile junto a servicios de inteligencia extranjeros durante 1973 y el exterminio sistemático y desaparición forzada de compatriotas durante la guerra sucia amparada en la estrategia hemisférica de seguridad, durante 17 años ininterrumpidos. Aún persisten sectores de la vida pública (civil y militar) que relativizan la magnitud histórica de este problema, ignorando la naturaleza y envergadura de sus efectos, los cuales a medio siglo de ocurridos los acontecimientos, siguen repercutiendo con alcance transgeneracional, toda vez que la justicia ha sido tardía e incompleta. 

Este proceso se ha exacerbado durante el periodo transicional producto de la corrupción sistemática de altos oficiales, en específico del Ejército de Chile[1], que amparada en un diseño institucional permisivo[2], han degradado el concepto de liderazgo militar y el sentido patriótico de su actividad profesional, acentuando la brecha entre las instituciones castrenses y la ciudadanía.

Lo anterior no exime la responsabilidad que recae sobre aquellos sectores que siendo conductores políticos de la transición y respaldados por un régimen ultra presidencialista de amplias facultades, han carecido de voluntad política para ejercer el liderazgo y conducción efectiva de la defensa, además de inhibirse en la promoción de pensamiento crítico en materia de seguridad y defensa nacional entre las nuevas generaciones, con el propósito de dar forma a una comunidad de defensa integrada plenamente a la civilidad.

Pensamos que esto obedece, entre otras cosas, al dominio de las ideas liberales en los proyectos de gobernanza local, que además de oponerse a la soberanía popular como fuente de legitimidad, han disociado las ciencias militares de las ciencias políticas, cuando estas son indisolubles en tanto se asocian e influyen mutuamente en torno al fenómeno del poder. 

Por otra parte, las ciencias sociales no han contribuido sustancialmente a llenar este vacío, toda vez que las relaciones cívico-militares suelen abordarse desde el vínculo restringido entre la conducción militar y la élite política, en exclusión del pueblo y ciudadanía. Siendo una mirada opuesta al enfoque dialéctico y trinitario de Clausewitz,  cuya teoría política de la guerra y organización de la defensa nacional se articula a partir de las tensas relaciones y contradicciones establecidas entre lo político, lo militar y lo popular[3], en tanto unidad indisoluble. Si bien, algunos intelectuales han aportado una necesaria reflexión crítica al proceso de “democratización institucional” y han realizado un esfuerzo por responder preguntas vitales para pensar la relación entre Fuerzas Armadas y sociedad civil en el contexto posdictadura[4], la ausencia de voluntad política de la élite dirigente limitó y restringió esta discusión al ámbito académico o institucional, lejos de los procesos subterráneos de maduración política del movimiento popular y ciudadano.

Por lo tanto, reconstruir relaciones cívico-militares en un sentido amplio, contribuir al desarrollo del pensamiento estratégico-militar al servicio de un nuevo proyecto nacional y repensar la seguridad nacional y la arquitectura de la defensa desde una pertenencia patriótica, nacional y genuinamente popular, será una tarea constituyente que enfrentará dificultades históricas de gran complejidad y que debe convocar el máximo de los esfuerzos deliberativos. Una tarea que exigirá por sobre todo, una disposición libre de sesgos antimilitaristas o apologéticos que permean las discusiones al respecto. Es una tarea irrenunciable, dado que la cuestión militar seguirá siendo un debate ineludible en el proceso constituyente, toda vez que la defensa nacional es una función básica del Estado y es una variable estratégica para la irreversibilidad de los procesos de cambio.

2. Un enfoque integral de la defensa

Para enfrentar esta reflexión colectiva, reivindicamos una mirada de largo plazo centrada en objetivos y un estado final deseado, con el propósito de identificar el trayecto programático que habrá de expresarse total o parcialmente en los diversos momentos de nuestra realidad política. Reivindicamos también la integralidad en el análisis, superando el ángulo exclusivamente impugnador.  Así, podemos abordar la cuestión militar en la discusión constituyente, al menos desde a) el debate jurídico y constitucional, b) desde la elaboración política-estratégica y c) desde las concepciones doctrinarias que dan forma al diseño institucional. Tres aspectos que están dialécticamente relacionados entre sí.

2.1. El centro de la reflexión constitucional

La constitución de 1980 que será sometida al escrutinio del pueblo chileno, consagra a las Fuerzas Armadas como un cuarto poder del Estado al asignarle un capítulo especial (capítulo XI), causa base de la criticada autonomía corporativa de las respectivas ramas militares respecto los poderes del Estado y marco general para normativas de autonomía amparadas en la leyes orgánicas constitucionales[5]. Al mismo tiempo, el artículo 1 de la constitución indica que “es deber del Estado resguardar la seguridad nacional”, en el capítulo III, la seguridad nacional se establece como limitante de la libertad de enseñanza, del derecho a huelga, del derecho a desarrollar cualquier actividad económica y al derecho de propiedad. Así mismo, en el capítulo XI se señala que las FF.AA. son esenciales para la seguridad nacional. Todas estas indicaciones están plasmadas sin que exista ningún artículo de rango constitucional que explicite qué es la seguridad nacional, cuáles son sus alcances y su objeto referente. Al mismo tiempo, no existe a la fecha ningún documento gubernamental que aborde una estrategia de seguridad nacional, salvo los conceptos establecidos en el Libro de la Defensa Nacional que pueden ser modificados por atribución el ejecutivo.  

Pensamos que el corazón de la discusión en torno a la cuestión militar es la concepción de Seguridad Nacional, toda vez que sus alcances y definiciones son las que orientan al conjunto de la acción estatal para el ejercicio de la defensa y por lo tanto, inciden en la organización y caracterización de las Fuerzas Armadas, en tanto instrumentos de ella. La discusión constituyente debe redefinir y consagrar un concepto explícito de seguridad nacional, siendo estrictamente coherente a los nuevos valores e idearios emanados de la nueva constitución y cuyos fundamentos  establezcan la supremacía de la institucionalidad civil de la defensa y la corresponsabilidad cívico-militar para la defensa de la Patria. 

2.2. El pensamiento estratégico-militar, un asunto político

Desde el punto de vista político-estratégico, esta reflexión será difusa y contradictoria si se aborda sólo desde los actuales déficits democráticos, la experiencia comparada o desde el ámbito estrictamente académico. El enfoque cobrará mayor sentido y profundidad si es resultado y parte integrante de la elaboración de un proyecto nacional de nuevo tipo, surgido desde la deliberación ciudadana y al calor de la crisis actual, constituyéndose como un factor orientador de todas nuestras líneas de esfuerzo político.

Por lo tanto, la formulación de un nuevo pensamiento estratégico-militar, entendido como las bases conceptuales (orientadoras y condicionantes) de los objetivos, medios de la defensa y sus respectiva organización y formas de empleo, debe concebirse como expresión del proyecto nacional de nuevo tipo en el ámbito de la seguridad y defensa, no debe tratarse de forma separada a este debate sino como parte integrante de las nuevas concepciones de país. 

Posiblemente, esta formulación estará condicionada por el proceso político interno de cambio constitucional y por el entorno internacional, al respecto, es relevante considerar que la balanza de poder en el sistema internacional experimenta transformaciones profundas, la base material de este cambio es una verdadera revolución tecnológica que aplicada a la automatización de la producción, a la comunicación humana y a la cultura, está acelerando cambios sociológicos de relevancia. Estos cambios han influido también en los modos de hacer la guerra[6]. Así,  paradigmas híbridos e irrestrictos se combinan con las antiguas doctrinas de maniobras, cuyo Centro de Gravedad alojado el elemento físico-tecnológico comparte su funcionalidad con un creciente protagonismo del ámbito cognitivo. Los espacios de dominio ya no se restringen solo al ámbito terrestre, aéreo y marítimo, sino también al ciberespacio y el campo de dominio social, otorgándole un carácter gris y multidimensional a los nuevos tipos de conflictos, lo que exige una participación protagónica de la civilidad en la defensa.

A su vez, el condicionante político interno, exige una anticipación urgente en la materia. Considerando que en una perspectiva de largo plazo el proceso constituyente buscará redefinir la organización del poder. La sola ruptura milimétrica del status quo y la ruptura del lazo de dependencia extractivista-mercantil-financiera que sostiene Chile con la gobernanza global, revolucionará la naturaleza de las amenazas que puedan acechar a nuestra integridad nacional y por lo tanto, no sólo las correlaciones de fuerza, entendida como los condicionantes de posibilidad política,  serán el factor decisivo para ponderar el esfuerzo estratégico en la reconstrucción del Poder Nacional en beneficio del pueblo chileno, sino también, la correcta apreciación de la actitud de los intereses erosionados en el proceso de cambio y que se opondrán al nuevo rumbo en los destinos de la Patria. 

Además de factores condicionantes, los factores orientadores de esta formulación deberán ser atendidos en detalle. El norte principal de la defensa se define en el ámbito de los valores y aspiraciones nacionales para el Chile del siglo XXI derivados de la deliberación ciudadana y consagrados en la nueva constitución. Si esta resulta -proceso complejo y prolongado mediante- efectivamente transformadora, podrían reorientarse algunas nociones básicas como el carácter del interés nacional y los objetivos nacionales permanentes y a ello debe prestarse la mayor de las atenciones. Además de ese eje orientador, debe considerarse la cultura estratégica. Al respecto, reivindicamos el derecho a rescatar desde la nueva historia social y militar, lejos de cualquier modelo extranjero, las raíces ciudadanas de las Fuerzas Armadas de Chile, legada por oficiales y ciudadanos en la guerra de la independencia y las expediciones libertadoras durante los albores de nuestra naciente república y en los momentos de disyuntiva política-militar estratégica (1830, 1891,1924) y que en relación indisoluble entre la espada y las ideas, desarrollaron un concepto de defensa asociada a la nueva sociedad emergente, buscando resolver en ello, las encrucijadas que vuelven a cobrar renovada vigencia: Proteccionismo o libre-comercio, insubordinación tecnológica-industrial o dependencia comercial, centralismo oligárquico o soberanía de los pueblos, la Patria o la tumba.

2.3. Una nueva doctrina de la defensa, conjunta y combinada con la sociedad civil

La modernización del pensamiento estratégico-militar es una tarea de orden praxiológica, su estudio y reflexión cobra validez en el diseño institucional, en la planificación estratégica y en el vínculo entre los cuerpos del Estado Mayor y la conducción política de la defensa. Pensamos que de producirse transformaciones sustantivas en el nivel político-constitucional y político-estratégico, los cambios doctrinarios debieran orientarse hacia una concepción conjunta de la fuerza y con elevados niveles de integración con la sociedad civil, mediante cambios, por ejemplo, en a) la estructura de la fuerza y la doctrina operacional, b) la justicia militar c) la educación militar, y d) las relaciones cívico militares. 

a) Respecto a la estructura de la fuerza, es importante tomar como antecedente que el actual sistema de defensa nacional, producto de la ley 20.424, ha transformado el rol administrador del Ministerio de Defensa a una atribución de conducción política, cuyo principal órgano asesor es el Estado Mayor Conjunto. Sin embargo, este órgano tiene una jerarquía inferior a la institución de la Comandancia en Jefe de cada una de las ramas militares y su labor de desarrollo y conducción de la fuerza está pensada solo para tiempos de guerra. 

Asumiendo la vigencia de las nuevas tipologías de conflictos, nos parece de vital importancia que la reorganización de las instituciones castrenses tenga como eje central, un diseño conjunto en la estructura de la fuerza, la cual debe sostenerse orgánicamente al menos, desde una Escuela Única de Oficiales de Estado Mayor, con el propósito de producir un concepto conjunto de las operaciones militares (y no militares) y a disposición de un mando único de las Fuerzas Armadas, cuya institucionalidad conjunta, controlada y conducida por la autoridad civil de la defensa, tenga como propósito, la disminución de la autonomía y descentralización de cada una de las instituciones, para abordar estratégicamente, en coordinación con otros instrumentos del poder nacional, los desafíos complejos, híbridos y multidimensionales que enfrenta nuestro país.

b) La integración doctrinaria que garantice la supremacía civil en la defensa, supone también la transformación de la justicia militar. Una institución de naturaleza jerárquica no puede auto administrarse justicia a través de órganos designados y subordinados a la Comandancia en Jefe, sino que debe ser el Poder Judicial, mediante órganos especializados en el ámbito castrense, que controlen y administren justicia a los uniformados, en tiempos de paz y guerra.  

c) Ahora bien, la supremacía civil debe tener como base, la integración cívico-militar plena. En esa línea, es importante reflexionar acerca de la relación entre la  nueva educación pública y la educación militar[7]., en tanto actividad formadora de ciudadanía. Las nociones fundamentales acerca de la historia, presente y futuro de la Patria y las reglas de convivencia cívica, debieran expresarse en un proyecto pedagógico compartido tanto en civiles como militares, con sus respectivas particularidades, pero que tiendan, sin ánimo de homogeneizar, a formar la doctrina del Ejército-Ciudadano, es decir, uniformados chilenos cuyas relaciones especiales de sujeción no sean obstáculo para una formación cívica y cultural compartida con el general de la juventud de nuestro país, para el establecimiento de una profunda y verdadera cosmovisión nacional de integración entre civiles y uniformados.

d) Al mismo tiempo, las relaciones cívico-militares de nuevo tipo, además de consagrarse en la nueva constitución y expresarse en la institucionalidad civil de la defensa, son susceptibles de aplicarse en el plano de la doctrina operacional. Así, el servicio y la reserva militar, que actualmente son el principal vínculo entre pueblo y FF.AA con el propósito de dar cumplimiento al alistamiento operacional, debe integrarse a los propósitos estratégicos de la doctrina conjunta y multidimensional, constituyéndose como una deber ciudadano, independiente de su estratificación social y bajo diversas modalidades de alistamiento y ampliándose también a las organizaciones de la sociedad civil, nutriendo el alistamiento operacional permanente de la defensa, en virtud de los nuevos paradigmas del pensamiento estratégico-militar, con la finalidad de defender y preservar la integridad de la población, el territorio y el desarrollo nacional. El nuevo Chile debe pensar en cómo defenderse integralmente.

3. Reflexiones finales

El propósito de tomar nota de estos apuntes reflexivos, es dar cuenta de que el conjunto de cambios que podrían experimentar las Fuerzas Armadas al calor de una eventual transformación en la estructura jurídico-política de nuestro país, dicen relación, en primer lugar, con transformaciones en los paradigmas de seguridad y defensa, es decir, es un asunto de orden político, expresado en al meno tres principales dimensiones: a) constitucional; b) estratégico y c) doctrinario. Y que si bien, no todas estas dimensiones podrían presentarse en la reflexión colectiva-constitucional, es relevante tener presente que estas se influencian dialécticamente y por lo tanto, debe ser parte de una mirada y programa de largo plazo en que la ciudadanía y uniformados, afronten los desafíos que presentan los trastornos del sistema internacional, los nuevos tipos de conflictos y la aspiración nacional de un nuevo  régimen político cuya fuente de legitimidad sea una soberanía popular efectiva y en forma.


[1] Revisar el libro de investigación “Traición a la Patria” de Mauricio Weibel.

[2] Ver: “El laberinto de la corrupción”. Exposición de Rafael Harvey en conversación con la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos. http://grupopelantaro.cl

[3] Revisar “Clausewitz y sociedad. Una introducción biográfica a las lecturas neo-clausewitianas” (2016) de Philippe Dufort.

[4] Ver, por ejemplo, las múltiples investigaciones de Felipe Agüero o Augusto Varas, en torno a Fuerzas Armadas, sociedad y democracia.

[5] Revisar “obedientes y no deliberantes: Fuerzas Armadas, Autonomía y Control Democrático en Chile” (2020) de Pablo Contreras y Sebastián Salazar.

[6] La literatura militar señala que la Revolución de Asuntos Militares no es solo de alcance tecnológico aplicado al empleo de la fuerza, sino que también, los cambios socioculturales inciden en la transformación del pensamiento estratégico militar de los pueblos. Así lo advirtió Clausewitz durante su prisión en París, al observar la influencia directa de las ideas revolucionarias y la nueva organización social en Francia, en la concepción estratégica de las fuerzas napoleónicas; Martin Van Creveld (Transformación de la guerra, 1990) y los cambios que podría experimentar la doctrina militar convencional de Estados Unidos frente a las transformaciones de la globalización; o el General Valery Gerasimov y la combinación de medios híbridos para las guerras de nuevo tipo en un contexto post hegemónico (Redstar.ru, 2019).

[7] Revisar, por ejemplo, el modelo de la Universidad de la Defensa Nacional. (Argentina, 2014) Ver referencia en: https://www.undef.edu.ar/institucional/objetivos/